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Embarazo, parto, postparto: Una montaña rusa emocional

Sensible, de carácter fuerte, tímida, extrovertida, alegre… todas tenemos una imagen más o menos clara de nuestro carácter. Emocionales o no, el periodo entre embarazo, parto y los primeros meses del postparto tiene una garantía fija de generar una cantidad de emociones difíciles de anticipar. Muchas mujeres se sienten sorprendidas o abrumadas por la cantidad de emociones nuevas, incluso contradictorias, que sienten de repente.

Embarazo, parto y postparto

Una parte de responsabilidad de esa nueva emocionalidad la tienen los cambios hormonales que experimentamos. Preparar nuestro cuerpo primero para un parto, una lactancia y después nuevamente para los ciclos de menstruación implica cambios profundos en la química corporal que se hacen notar a nivel anímico. Como con todo, cada mujer siente estos cambios de forma distinta. Las reacciones comunes incluyen una reducida resistencia al estrés, la sensación de tener las emociones a flor de piel y cambios de humor repentinos. Una auténtica montaña rusa emocional.

 



Aparte de eso, también la cantidad de cambios externos que llegan con la maternidad son una fuente de estrés y necesidad de ajuste importante. El bebé mismo puede pasar en pocos minutos de una absoluta tranquilidad a un estado de llanto desesperado, causando probablemente la misma reacción emocional en su mamá. Muchas madres sienten que las emociones de su bebé le afectan profundamente. Su alegría es nuestra alegría, su dolor el nuestro. Con la diferencia que tardamos mucho más en recuperarnos.

 



Para conseguir que las emociones no nos empiecen a congestionar y generar una especie de olla a presión emocional a punto de estallar, podemos tomar las siguientes precauciones:

 

 

·       Aceptar nuestra sensibilidad. Ser madres es algo emocionante en todos los sentidos de la palabra. No hay nada de malo en ello, es más, esa sensibilidad es importantísima para captar mejor los sutiles cambios en el estado emocional de nuestro bebé, y de ahí poder entender y atender sus necesidades.

 

 

·       Reconocer las emociones. Las emociones son el lenguaje del cuerpo que nos informa sobre nuestro estado interno y nuestras necesidades no cubiertas. Saber identificar correctamente nuestras emociones es por tanto un paso importante para entender su mensaje y poder actuar en consecuencia. 

 

 

·       Pasar a la acción. La tristeza nos hace retirarnos del mundo para integrar una pérdida, la ira nos da la energía para luchar, el miedo nos prepara para huir o defendernos ante una amenaza, y la alegría nos invita a conectar con otras personas. Establecer el puente entre la emoción que sentimos y lo que "el cuerpo nos pide" nos permitirá volver a encontrar equilibrio y alivio.

 

 

·       No acumular. Cuando ignoramos nuestras emociones o la acción correspondiente no es posible, éstas se acumulan y pueden crear mucha tensión interna. Expresar las emociones que sentimos es una vía alternativa que tenemos para soltarlas. Unirse a un grupo de lactancia, un foro de internet o charlar con otras amigas madres es tan gratificante porque nos permite cultivar esta vía de escape emocional.

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