Etapas

Quiero ser mama

La mamá que quiero ser

Tener un bebé hace que se rompan todos nuestros esquemas anteriores. La maternidad nos cambia y empezamos a vivir de otra manera. Es una buena oportunidad para reinventarnos y pensar cómo queremos relacionarnos con nuestro bebé.

La mamá que quiero ser

Desde el momento en que nace, el bebé y la madre se comunican de una manera poderosa y casi mágica, sin palabras. Se trata de una comunicación inconsciente que hacemos a través de diversas vías:

·       Mediante nuestro cuerpo: el contacto físico es muy importante porque es como percibimos si el bebé está intranquilo, relajado, contento… La cara es una de las primeras cosas que el bebé percibe del resto de estímulos del exterior y responde a nuestras expresiones.

·       Con las rutinas diarias: en el momento de cambiarle el pañal, de bañarlo…las caricias y la suavidad y cuidado con que lo tocamos hacen que el bebé se sienta querido y seguro. La idea que nuestros gestos tienen que transmitir es "estoy aquí contigo". De esta forma, sin decir una sola palabra, bebé y mamá están en permanente comunicación y en unos pocos meses, el bebé empezará a responder con sonrisas, gestos, agarrando un dedito…

·       Durante el proceso de alimentarle: es un momento para conectar con el bebé. Él busca nuestra mirada, que las mamás sostienen embelesadas. Además de alimento físico, es un momento de "alimento emocional", por ello es importante que sea placentero para ambos.

Otros aspectos no están directamente relacionados con el bebé pero es importante tenerlos en cuenta cuando te plantees el tipo de mamá que quieres ser, como esforzarte por encontrar un rato para dedicarte a ti, reservar unos minutos para estar a solas, disfrutar momentos con tu pareja o amigos… ser mamá también significa crear un nuevo equilibrio. Si te planteas unos objetivos específicos en estos campos, es más fácil que consigas cumplirlos.

Los primeros meses de vida son una etapa cargada de sincronización, por ello conviene concedernos el tiempo necesario para encontrar armonía.

Desde la psicología positiva pensamos que la maternidad es una buena oportunidad para introducir el optimismo en nuestra vida y la de nuestros bebés. Ello puede aportarles enormes beneficios en el futuro (como una autoestima sana y una autoeficacia elevada) y a nosotras nos ayudará a vivir la experiencia de la maternidad focalizándonos en los aspectos positivos de esta experiencia. No olvides que otra fortaleza muy útil durante esta etapa es la gratitud: cada día trae un regalo de la mano de nuestro bebé. Aprovechar al máximo el tiempo que puedas dedicarle al bebé y disfrutar de todos los momentos, por pequeños que sean.

Puede ser una sonrisa, un gesto de satisfacción… ¡ser consciente de ello te ayudará a no perderte ninguno!

Y recuerda: un bebé necesita una mamá feliz. No una mamá perfecta.

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La ciencia del Early Life Nutritional Programming demuestra que la salud futura de tu hijo no está determinada sólo por los genes sino también por el entorno, que está en tus manos.


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