
El Vestido Origen:
Un vestido de flamenca único inspirado en las historias de toda Andalucía
El Vestido Origen es el proyecto de Lanjarón en colaboración con la diseñadora granadina Beatriz Peñalver para rendir homenaje al vestido de flamenca, este gran icono de la moda que representa a nuestra cultura y a nuestra gente.
Su diseño es único porque será el primer vestido de flamenca que lleve cosidas en él todas vuestras historias más personales y emotivas
Estamos cosiendo historias para crear un vestido para la historia.

Beatriz Peñalver es una diseñadora nacida en Granada que, tras licenciarse en Administración y Dirección de empresas, decidió perseguir su sueño de diseñar moda, inspirada por el mundo de la danza y por sus raíces en Andalucía.
Beatriz es la fundadora y directiva creativa de Peñalver Brand, que tiene como misión representar una visión contemporánea de los estereotipos de su tierra. Ha sacado a la luz 3 colecciones Pret-â-porter, ha participado en la New York Fashion Week y en la Madrid Fashion Week. Celebrities y personalidades del mundo de la moda apuestan ya por sus diseños que combinan modernidad con tradición en un estilo único.


¿Te has parado a pensar alguna vez en cuál es el origen del vestido de flamenca?
Durante las ferias del ganado de finales del siglo XIX, las campesinas de la época usaban unas batas de faena. Estas batas eran cómodas para el trabajo pero también buscaban que fueran vistosas: tenían diferentes estampados, colores, le cosían volantes, bordados… Además, el característico estampado de lunares se debió a un error en la estampación, lo que hizo que esa tela se vendiera a un precio más bajo y se popularizara entre todos. A las mujeres de la nobleza le llamaron la atención estas batas, por lo que decidieron comenzar a confeccionarse sus propios trajes con estos elementos, hecho que hizo que empezara a popularizarse dicho traje.
En 1847, en la Feria de Abril del Ganado en Sevilla, muchas mujeres de la época acudieron con estos vestidos para lucirlos en la Feria. Evento que con el tiempo, se convirtió en un encuentro de ocio y celebración de la cultura, en el que el traje de flamenca se convirtió como el traje oficial para asistir.
Las historias
El vestido de flamenca dice mucho de nosotros, de quiénes somos, y de dónde venimos.
Ángela
Huelva
Mi tía era modista cuando yo era pequeña, me hizo un vestido con mucha historia y muchos recuerdos. Uno que me encanta es que ella tenía un niño de mi misma edad, solo cinco días más pequeño que yo. Como vivíamos en sitios distintos y no me lo podía probar, se lo probaba a él, y le hacía la foto para mandárselo a mi madre.
Rosa
Granada
Desde que nació mi hija quise que tuviéramos las dos el mismo vestido de flamenca. Lo diseñé yo misma basándome en la combinación más tradicional, el rojo con lunares blancos. Siempre he querido inculcar el amor por nuestras tradiciones a Claudia. Es una foto muy especial, simboliza nuestra unión, no solo en la indumentaria.
Beatriz
Sevilla
Llevaba tiempo soñando con mi vestido negro de flamenca y cuando por fin me lo terminaron de hacer, llegó la pandemia, así que la feria del 2022 disfruté como una niña chica.
Mercedes
Málaga
Este fue mi primer vestido de flamenca. Mis padres son de un pueblo de Granada y como muchos andaluces se mudaron a Barcelona a principios de los años 90. Allí, solían reunirse algunos fines de semana con otras familias que eran del mismo pueblo y cuyas hijas bailaban en una peña flamenca. Las mismas modistas que vestían a estas bailaoras confeccionaron el vestido de la foto. Se escogió el color principal del vestido, como fruto de la mezcla de los colores de la cerámica de Fajalauza, original de Granada. La hebilla de ese zapato de tacón que asoma por debajo de los volantes es la responsable de mi anécdota. Hay un vídeo de la verbena de las fiestas del pueblo de mis padres, en el que, a ritmo de pasodoble, una Mercedes de tres años se abanicaba enérgicamente mientras bailaba. En esos vaivenes, un hilo de nailon del volante se enganchó en la hebilla del zapato y aunque esa Mercedes notaba la tensión del hilo, no consiguió zafarse de él, así que continuó arremolinando sus volantes al ritmo de su abanico.
Montse
Cádiz
Desde pequeña mi sueño fue tener un vestido de gitana. Ya voy por los 50 y sigo sin él… Una amiga mía me dejo uno para ir a la feria de Jerez y me sentía afortunada vestida con este precioso vestido.
Tania
Málaga
Este traje rosa en concreto es la vida, el renacer y el empoderamiento de una misma, de una chica que ha estado entre la vida y la muerte. Con este vestido lanzo mi grito de guerra y fuerza para seguir adelante con la vida y para ser ejemplo a las demás personas de que sí se puede salir hacia delante.
Divina
Málaga
La primera vez que fui a la feria de Sevilla y con un traje de mi madre. ¡Un día que jamás olvidaré!
María Teresa
Córdoba
Hacía que mi madre, en lugar de pastorcita, me vistiera de flamenca.
Clara
Granada
Este vestido de gitana lo llevamos cuando ganamos el certamen de flamenco de la provincia bailando por José Mercé, Del Amanecer.
Nieves
Sevilla
Este vestido de flamenca representa el cielo y los pájaros en libertad. Sin saberlo, hasta hoy que os he leído ha hecho un click en mi cabeza. Con este vestido fue la última vez que vi a mi padre disfrutar en su Rocío del alma, un poco más tarde se fue al cielo en Libertad como los pájaros de mi vestido. Sin saberlo sería uno de los últimos días de mi vida que vería a mi padre y ese cielo pintado en mi vestido anunciaría que pronto partiría al cielo… que descanse en Paz.
Jessica
Córdoba
Vestirme de flamenca para bailar era lo más especial que existía, qué feliz era cada vez que me montaba en el tablao a bailar.
Alba
Sevilla
Creo que es la semana que más disfruto en todo el año. Iría siempre vestida de flamenca. Aunque ya no la tengo conmigo físicamente, los trajes de flamenca me traen el recuerdo de mi abuela Carmen. Ella me hacía los trajes desde pequeña.
Ángela
Sevilla
Este vestido siempre ha pertenecido a mi madre, puede tener unos 20 años y hasta hace poco no pude ponérmelo porque me quedaba grande. A día de hoy, es mi vestido favorito, aunque no siga las modas. Se lo regaló mi padre a mi madre en color turquesa como el color de sus ojos. Esta foto me la hizo mi novio al salir de la feria para recogernos.
María
Córdoba
Gracias a que mi abuela me regaló todos los accesorios para vestirme con mi vestido de flamenca, ahora puedo sentirla un poquito más cerca cuando me lo pongo.
Pablo
Sevilla
Este vestido ha sido muy importante para mí, ya que lo utilicé en mi primera actuación y gracias al traje tuve la valentía que necesitaba para subirme al escenario. El traje es perteneciente a la primera colección presentada en SIMOF para hombres.
Marta
Jaén
Mi historia empieza con 3 añitos cuando le pedí a mis padres unas “castañuelas”. Mi único vestido, el de la foto, era herencia de mi prima, me lo ponía cada día al llegar de la escuela junto con todos los accesorios. Hasta hace unos años no conseguí mi sueño de vestirme de flamenca y volví a sentir lo mismo que cuando lo hacía de niña. Esa sensación de poderío, de fuerza, seguridad y de raíces, que hacía que me empoderase cada vez que me lo ponía.
Aroha
Sevilla
Creo que no hay traje más especial. Mi padre siempre me regalaba un traje todas las ferias. El primer año que no lo tenía conmigo gané un certamen, gané un traje de flamenca y me bordé el nombre de mi padre en él.
Lourdes
Jaén
Mi recuerdo más bonito es compartido: mi madre siempre ha sido muy flamenca desde que yo era chiquita y me contaba que ella había aprendido las sevillanas en los descansos de recoger aceitunas, pero como era de familia muy humilde nunca se habían podido permitir un traje para ella, aunque era su mayor ilusión. Hace unos años yo empecé a estudiar en Córdoba y ella me regaló mi primer vestido para la feria. Yo no podía estar más contenta. Resulta que mi madre padece una enfermedad y un día que salía de una revisión, le habían dicho que todo estaba bien, fuimos a ver trajes a la misma tienda donde me regaló el mío, esta vez para ella. La ilusión con la que se vistió la primera vez no se puede explicar, y en vez de ser ella la que me vistiera, fui yo quien la maquilló, peinó y le colocó las flores y el mantoncillo, siendo un momento muy bonito para las dos. Ahora soy yo quien ha aprendido las sevillanas para que después de tantos años tenga con quien bailarlas en condiciones y no entre varas de aceituna.
Ainhoa
Sevilla
El primer vestido que compró mi madre le costó mucho esfuerzo porque no fue fácil, ya que somos dos hermanas y tenía que comprar dos vestidos. Fue el mejor vestido de mi vida, lo llevé con mucha ilusión.
Cristina
Jaén
Me lo regalé cuando me recuperé de un bache largo y malo… Cambió mi cuerpo y mi mente, así que mi vestido es el vestido origen a mi nueva vida. Siempre me ha gustado la moda flamenca, pero nunca me veía bonita. Hasta ahora.
Beatriz
Córdoba
Mi nombre es Bea y mi historia con el vestido de flamenca se remonta a hace cinco años cuando decidí que, siendo de Andalucía, debía aprender a bailar sevillanas. Conocí a Carmen, la que ha sido y es mi profesora de baile. Ella me prometió que cuando aprendiera a bailar haríamos entre las dos ese vestido de flamenca porque ella sabe coser. He aquí el vestido de flamenca junto con ella en el patio de su casa donde pasamos mucho tiempo cosiendo ese vestido. Hoy día, Carmen es una persona fundamental en mi vida, amiga y compañera de aventuras.
Bárbara
Córdoba
Yo de pequeña era súper tímida y cuando me vestía de flamenca todo cambiaba. Me daba igual donde, me ponía a bailar jajajaj.
Abigail
Málaga
Mi abuela me hacía cada uno de mis vestidos de flamenca. Tanto para las fiestas cómo para salir a bailar con el grupo de baile del pueblo. Fue una infancia preciosa en Nerja (Málaga).
Rocío
Mi madre me hacía los trajes de flamenca. Ahí era pequeña, pero la recuerdo cortando los volantes con el patrón en papel de periódico.
Mariló
Granada
Yo era muy artista y cuando me ponía ese vestido de terciopelo negro con volantes de color rojo burdeos, me convertía en cantante y bailaora como por arte de magia. Era una Marisol morenita que se enamoró de los escenarios para siempre.
María
Granada
Para mí el traje de flamenca me recuerda a mis primas, cuando éramos pequeñas siempre nos vestían juntas. Lo recordamos con mucho cariño!
Almudena
Sevilla
En esta foto se puede ver mi hermana y yo las dos con los vestiditos iguales , y mi madre nos colocó en el típico stand de fotógrafo que había en las ferias, y yo salgo llorando, porque yo no quería estar ahí , yo quería estar bailando, dando vueltas para mover mis volantes, es que desde muy pequeña soy muy flamenca.
Patricia
Málaga
Me encantaba que mi madre me pusiera pendientes grandes, tacones rojos y lo más importante, que me pintase mi luná de flamenca!
Claudia
Sevilla
El día que me puse mi primer traje de flamenca, pasé horas y horas en el escenario dando mis primeros pasos de baile, ¿Quién no se anima entre tantos volantes? Felicidad incomparable…como me dijo un sabio, la flamencura no tiene cura. Orgullosa de mis raíces.
Paula
Málaga
Os mando mi primer traje de gitana! Mis mejores recuerdos en las fiestas de fin de curso cuando bailábamos para todo el colegio.
Amaranta
La Puebla de Cazalla
Desde pequeña he repetido foto delante de esa reja antes de ir a la feria. Era visita obligada pasar por casa de la abuela para que ella, la más ferianta de la familia, nos viera con nuestros trajes nuevos. Ella ya no está, pero seguiremos posando en su patio.
Nuria
Almuñecar
Recuerdos de infancia que no quieres olvidar nunca, que te gustaría meter en una botellita y poder abrir cuando necesites sentirte una niña otra vez. Recuerdo perfectamente el día de esa foto, como me agarré a la reja y posé, y como sonreí con la boca, los ojos y hasta los lunares decían qué feliz soy.
Inés
Jete
Cuando era pequeña era la única de mi familia que le encantaba el flamenco, pero salir a bailar me daba mucha vergüenza. Cada vez que me vestía de flamenca, solo con ver la cara de orgullo y felicidad de mi abuela y mi madre viéndome, ya merecía la pena. Mi abuela me miraba y me decía: eres la gitana más guapa que hay para los ojos de tu abuela.
Marta
Granada
Un vestido de los colores de nuestra tierra.
Ángeles
Sevilla
Este es el recuerdo que tengo de uno de mis trajes de flamenca: era azul marino con lunaritos amarillos, las enaguas eran amarillas también. Este traje lo usé varios años porque mi madre le sacaba de ancho y me lo dejaba más corto… En general un traje bien aprovechado y que me encantaba.
Carmen
Málaga.
Cuando pienso en el vestido de gitana, lo primero que se me viene a la cabeza son mis abuelas y mi hermana. Mis abuelas se cosieron e hicieron ellas mismas sus vestidos a juego pero de diferentes colores, todas las tardes de ese verano quedaban para avanzar en los trajes. Mi hermana y yo nos moríamos de ilusión porque llegase la feria para ponernos el mismo traje también y pasear todos juntos💕
Marisa
Málaga
El recuerdo más especial que tengo con los vestidos de flamenca es el primero que me puse… Yo nací después de que mi hermana mayor falleciera con seis añitos. El primer traje que llevé fue el que ella se puso con esa edad. Era heredado de mi prima y a mi madre le hacía ilusión que yo me lo pusiera… me lo puso con una mantilla que era de unos visillos de ventana.
Belén
Málaga
Cuando llega la feria me surgen miles de recuerdos al vestirme de flamenca. Cada año iba a la casa de mis abuelos a prepararme. Muchas tradiciones que parecían eternas… recuerdo siempre todos esos momentos con muchísimo cariño. Hoy, aunque ya no estén, comparto estos momentos con mis amigas. Cada elección de cada detalle son hilos que tejen recuerdos. La feria sigue siendo un lazo que une generaciones y generaciones, desde las risas que recuerdo en la casa de mis abuelos hasta los días que paso con mis amigas, creando así un manto de recuerdos cada año.
Raquel
Granada
Esta soy yo de pequeña, junto con mi madre y mi hermana. Era un día de Corpus en Granada, festivo, dónde todo el mundo sale a disfrutar de la ciudad y de sus bares. En la foto, ya se me veía algo incómoda con el vestido, pero yo me empeñé en que quería vestirme de gitana. En el transcurso del día, el vestido me empezó a incomodar y empecé a llorar, porque me picaba mucho los volantes, porque pesaba mucho… mi familia ya un poco hartos de la situación, me intentaban dar solución, pero para mí ninguna era buena, hasta que a mi abuelo se le ocurrió dar una vuelta conmigo por la plaza Birrambla para tranquilizarme un poco. Al lado de dicha plaza está la Alcaicería, tiendas árabes con mucho encanto. De repente mi abuelo vió una chilaba rosa y fué la solución para todos. Me quité el vestido y me puse la chilaba que me había comprado mi abuelo, como no, también rosa y desde ese momento, todos pudimos disfrutar de aquel día de corpus.
Mónica y Alejandra
Málaga
Cuando llegaba la Feria de agosto y a pesar del calor, mi madre nos vestía a mi hermana y a mí de flamenca. Nos encantaba, lo que más recordamos es cuando nos llevaba a hacernos la típica foto que tiene todo el mundo en el Real. Cuando la vemos nos reímos mucho y a la vez nos da penita de ver como pasa el tiempo.
María
Málaga
Recuerdo obsesionarme con un traje tipo canastero que vi en Instagram. Fue amor a primer like, juraito. Cogí la foto, se la enseñé a la mejor costurera del mundo que estaba en el pueblo de mis abuelos y nos pusimos manos a la obra. El corte del vestido hoy en día me sigue encantando, pero no es lo que más me gusta de él. Lo que más me gusta de él son todas y cada una de las visitas que les hacía a mis abuelos antes y después de cada prueba de vestido. Les contaba, les enseñaba fotos, me daban 5 eurillos para merendar, nos contábamos nuestras vidas… Eso ya es algo que ningún otro vestido me va a dar porque mis abuelos ya no están conmigo. Ese vestido es y siempre serán ellos. No habrá otro igual.





