Leche Materna

El amamantamiento puede tener un profundo impacto sobre la salud, el crecimiento y el desarrollo del bebé en el futuro. Gracias a la ciencia del Early-life Nutritional Programming, descubrí qué podés hacer para garantizarle al bebé un comienzo increíble en la vida.

Leche materna: el mejor comienzo en la vida

Las últimas investigaciones científicas y la ciencia del Early-life Nutritional Programming nos han demostrado algo increíble: tu propia alimentación y la alimentación del bebé, durante los primeros dos años, pueden tener un gran impacto en la salud, el desarrollo cerebral y el bienestar del niño en el futuro.

En el caso de los bebés recién nacidos,  el ENP se centra en todos los excelentes beneficios que la leche materna le brinda al bebé.

El amamantamiento exclusivo durante aproximadamente los primeros seis meses de vida es la forma natural de proporcionarle al niño todos los nutrientes esenciales. Se recomienda además que el amamantamiento continúe hasta los 12 meses de edad, como mínimo, y posteriormente, según el deseo de la madre y del niño.

Por lo tanto, el cuidado de tu propia salud y la nutrición durante el embarazo y posteriormente puede tener beneficios trascendentales para la salud y el bienestar del bebé a largo plazo.

Cuidarse significa cuidar al bebé

El amamantamiento proporciona un comienzo ideal para la vida del bebé. Tu cuerpo comienza a prepararse para el amamantamiento a partir del tercer trimestre. Por ejemplo, sufrís cambios fisiológicos a partir de este trimestre aproximadamente a fin de que las bacterias se transfieran desde los intestinos al tejido mamario. Por eso, después del embarazo, es esencial que tengas una nutrición adecuada para recuperar los niveles de energía y ayudar al desarrollo de la capacidad de amamantar.

Para las madres lactantes, se recomienda la ingesta diaria de los siguientes nutrientes:

  • Proteína (carnes magras y aves, pescado, huevos, tofu, frutos secos y semillas, y legumbres/granos): 2 ½ porciones.
  • Productos lácteos (leche, yogur, queso (principalmente reducidos en grasas): 2 ½ porciones.
  • Verduras y legumbres/granos: 7 ½ porciones.
  • Frutas: 2 porciones.
  • Variedades de cereales integrales y ricos en fibra: 9 porciones.
  • Alimentos ricos en grasas: pequeñas cantidades.
  • Beber abundante agua y limitar las bebidas con azúcar agregada, como los refrescos, los licores, las bebidas energizantes e isotónicas.

 Una nutrición favorable no solo contribuirá a la recuperación física sino también estimulará el sistema inmune; especialmente si optás por comer muchas frutas y verduras que contienen vitamina C. Este nutriente contribuye a aumentar la producción de anticuerpos y glóbulos blancos que son eficaces para combatir las infecciones.

Los probióticos, presentes en el yogur, algunos jugos de frutas y el queso, también pueden contribuir al sistema inmune. Los probióticos son bacterias saludables presentes en el aparato digestivo que ayudan a regular los intestinos y a combatir las infecciones.

Por último, la ingesta de alimentos con un índice glucémico (IG) bajo, como la avena y la pasta integral te permiten volver a equilibrar los niveles de azúcar en sangre. Esto, a su vez, te permite sentirte satisfecha durante más tiempo y tener energía, además de que posiblemente contribuya a que el cuerpo queme calorías.

Como sos la principal fuente de nutrición del bebé, tenés el poder de influir favorablemente sobre todos los aspectos de la vida del niño. Cuidarte significa favorecer las mejores condiciones para alimentar al bebé y aprovechar al máximo esta oportunidad para establecer estas condiciones con miras a una buena salud y al bienestar de por vida.

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